No somos perfectos, ni los niños, ni los padres… Y eso es sano.

Convivir es una de las lecciones que enseñamos casi sin darnos cuenta en el día a día desde que nuestros pequeños se incorporan en nuestras vidas. Es una palabra de la cual todos conocemos el significado y tenemos claro que se relaciona con la coexistencia de las personas en un mismo espacio y tiempo. Lo que a veces no nos damos cuenta es que la convivencia va de la mano con el aprendizaje, el aprender de los que nos rodean, y por que nos rodean.

    En la convivencia cotidiana de nuestros pequeños, cada uno va aprendiendo los valores, costumbres y modos de sus familias, y al ingresar a un espacio en el que hay más niños, cada pequeño contribuye con sus aprendizajes previos y los pone en acción, y ahí comienzan los problemas. Uno sacó la lengua, el otro comió con las manos sucias, el de allá dijo una palabra que en otras casas no está permitida, y de pronto, algún pequeño ya está llorando, empujando o teniendo alguna reacción porque hay un choque entre los modos de ser.

    Por ello, es importante enseñar a convivir a los pequeños con las personas que no forman parte de nuestra familia, y hacerlo requiere identificar que:

1. Tu hij@ es tu adoración, pero no es la adoración de todos. Las personas que le rodean pueden amarlo o tolerarlo, algunos le hablaran bien y otros no; pero, tu papel es enseñarle a hablar y tratar bien a todos. Cuando tu peque no te vea, puedes hablar con los padres de los otros niños o con sus profesores, vecinos o quien sea que te genere dudas sobre el modo en que le tratan, para llegar a acuerdos. Pero frente a tu hij@ lo que debe prevalecer es la enseñanza del respeto, la tolerancia y la claridad de que aunque no le adoren, él o ella están bien.

2. Tu hij@ va a estar en contacto con otr@s niñ@s que están aprendiendo también a convivir, esto quiere decir que muy probablemente se encontrarán en situaciones en las que alguno termine sintiéndose mal, enfrentar esto con la mente clara de que ninguno de los niños en cuestión está siendo «malo» o «fastidiando al otro», sino que deben ser enseñados, puede ahorrar mucho tiempo, malestares y malentendidos. Y sobre todo, enseña a tus propios pequeños que aún siendo pequeños, pueden conversar entre ellos y hacerle saber al otro cómo se sienten y explicar las intenciones de cada uno, la mayoría de las veces comprenderán que no hubo daño, sino un mal entendido y habrán aprendido a convivir mejor.

3. Enseñarles a defenderse no quiere decir que golpeen. Defenderte sería ir a golpear el otro carro? Normalmente, aprender sobre los demás, va a permitir a los peques a anticipar quienes son personas que siempre están molestando, quienes siempre se molestan por todo y algunos que no se dan cuenta que están molestando y si se les muestra, cambian su actitud. Eso es lo que debemos enseñar a los pequeños, a discernir y reflexionar sobre ello.

4. Empatía, compasión, solidaridad… Deben ser el pan nuestro de cada día al estar enseñando a convivir a nuestr@s peques. Alguien se cayó «¿cómo crees que se haya sentido?», alguien no podía «Cuando tú no has podido hacer algo, ¿qué te te hace sentir mejor?», «¿Qué podrías hacer para que X no se sintiera mal?», «¿Qué podrías hacer para que Y sepa que no te gusta que tome tus juguetes?»…

5. Nadie es perfecto. Ni tú, ni los papás de l@s demás peques, ni l@a demás peques, ni tu hij@, todos estamos aprendiendo a ser padres, madres, compañeros, humanos… Así que no esperes que todo salga bien siempre, ni de tu parte, ni de la de los demás.

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